Mantener a un universitario cuesta mucho

Esta imagen tiene un atributo alt vacío; el nombre del archivo es image-6.jpeg

“Tu única preocupación y responsabilidad tiene que ser estudiar”. Es una frase que muchos padres suelen decir a sus hijos que incursionan los primeros pasos en el ámbito universitario.
Sin embargo, el contexto económico actual trascendió barreras y se convirtió también en una ocupación primordial en el pensamiento de esos jóvenes que estudian a la par.
Es que con las subas de los servicios públicos, alquileres y los alimentos, el dinero que puedan brindar los padres ya no alcanza.
Por ello, cada vez más estudiantes misioneros acuden a ventas y realizan diferentes actividades con el objetivo de generar ingresos extras a su economía cotidiana. Todo lo generado tiene un destino específico: pagar cuentas.
En algunos casos, los pesos de más van a parar a la luz, el agua o el alquiler del departamento. En otros, a solventar las fotocopias de algún libro o material bibliográfico para la facultad. (ver La casa de las…)
“Hay muchos chicos que lamentablemente tienen que trabajar y estudiar. Evidentemente, esto afecta al rendimiento académico y a la velocidad con que pueden finalizar sus carreras. Es mucho más sacrificado. Lo ideal es que puedan hacer la carrera sin trabajar, pero no es lo que pasa ahora”, reflexionó Alicia Bohren, rectora de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), en diálogo con El Territorio.
Las posibilidades de trabajo ya no pasan por los oficios tradicionales. En tiempos de autogestión, los estudiantes buscan alternativas que generen dinero por un lado y, por otro, que les otorgue el tiempo suficiente para dedicar horas necesarias al estudio. Así, van costeando gastos, rindiendo materias y sobrellevando la crisis.

Los dueños del tiempo

En tiempos en que la economía arroja saldos negativos, la búsqueda de empleos aumentó significativamente.
Según el último informe del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (Ipec) en el período julio-septiembre de 2018, la demanda subió a casi un 9 por ciento.
En concordancia, también crecieron las posibilidades de pequeños emprendimientos que, de alguna manera, apaciguan los altos costos de la economía del universitario. 
Algunos de ellos son: alquiler, expensas, alimentación, apuntes y servicios. Además del gimnasio o club para la práctica de deportes, tan necesarios para la salud o los minutos de ocio.
La división del tiempo en este aspecto es clave. Por un lado, para estudiar. Por otro, para dedicarse al pequeño negocio.
Equilibrar las horas para una y otra actividad se volvió, en estos últimos meses, parte de la rutina del universitario, porque el estudio ya no es una materia exclusiva.

El rebusque
Maitén Ayala Aguirre (25) es estudiante de Comunicación Social en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam, oriunda de Gobernador Virasoro, provincia de Corrientes. Hace más de tres años comenzó haciendo accesorios como un hobby que, tiempo después, se convirtió en una opción para obtener mayores ingresos.
“Maitén Complements nació como un pasatiempo. Mostré algunos de los collares y pulseras que hice y mis amigas pidieron que se los vendiera”, expresó.
Con los ingresos que generan sus ventas puede pagar los servicios y el alquiler de su departamento.
“Ser emprendedor es todo un desafío, además puedo gestionar mis propios tiempos e integrar todos los conocimientos de mi formación con las ventas”, concluyó Maitén.
La venta de accesorios se convirtió en un éxito, calificó la estudiante. Además, planea la posibilidad de extender su negocio a un local propio, tanto en Virasoro como en Posadas.
Un caso similar al de Yésica Wrubel (24), alumna de la misma carrera, oriunda de Cerro Azul. 
Desde hace poco más de un año migró al rubro de la cocina y, desde entonces, prepara panes integrales saborizados y galletitas. En otros tiempos, se dedica a la construcción de almohadillas terapéuticas artesanales.
“Con las ventas puedo saldar algunos gastos, como fotocopias, apuntes de la facultad y pasajes. En la medida de lo posible, también generar algún ahorro”, dijo Yésica.
En el caso de Johan Sand (23), estudiante de la carrera de Antropología Social, en sus tiempos libres se dedica a la venta de paquetes de yerba mate y de miel. 
“Se trata de pequeños productos que suelo vender a mi círculo íntimo, como amigos y profesores que me dan una mano”, explicó Johan, quien es originario de Oberá.
El mismo panorama se repite con alumnos de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales (Fceyqn) de la Unam.
Alejandro Benítez (22) comenzó el año pasado la carrera de Bioquímica. Proveniente de Puerto Iguazú, además de estudiar, dedica sus fines de semana a la venta ambulante de pollo con mandioca para costear los gastos que demanda su trayecto universitario.
El joven comentó que recibe ayuda de sus padres para estudiar en Posadas, sin embargo “los precios han subido muchísimo y tanto para ellos como para mí resulta imposible sobrellevar la situación. Por eso decidí vender pollos para remediar la situación que hoy es difícil para todos”.
Germán Freaza (19) transita el segundo año de la Licenciatura en Genética. Si bien es posadeño, explicó que resulta complicado para sus padres asistirlo en su carrera y todo lo que ello implica. 
Por ello, en sus tiempos libres se dedica a varias opciones: desde dar clases particulares de Química a la fabricación de muebles y ayudante de decoración. 
“Me tengo que amañar; de esa manera me hago cargo de mis gastos”, reconoció el estudiante.

Redes de visibilización
Gracias a la proliferación de las redes sociales, los jóvenes utilizan esta herramienta como una forma de dar a conocer los productos que venden.
En este sentido, tanto Facebook como Instagram posibilita la promoción de sus productos a un público masivo.
Mediante estados de WhatsApp, publicaciones de Facebook o historias de Instagram, todos estos jóvenes muestran su catálogo online de accesorios (en el caso de Maitén), de productos comestibles (como lo hacen Johan, Yésica y Alejandro) y de muebles y clases particulares (por parte de Germán).

Recalculando
Como moneda corriente, la vida de un estudiante universitario está atravesada por el control constante de los gastos del día a día. 
“Tener un hijo estudiando y, más aún en Posadas es como mantener otra familia” dijo un padre en relación a los esfuerzos económicos que demanda mantener a un estudiante universitario.
La decisión de la vivienda es el primer factor a tener en cuenta (ver La primacía del bolsillo…), ya que el precio prima por sobre la comodidad. 
En promedio, un departamento de una habitación en inmediaciones al centro cuesta entre 4.000 y 8.000 pesos.
A ello se deben agregar los costos por los servicios de luz, agua, internet y telefonía móvil. El consumo mínimo conjunto se ubica en torno a los 2.500 pesos mensuales.
La comida para todo el mes, en promedio a partir de un relevamiento que realizó este matutino, se estima en alrededor de 4.000 pesos por estudiante, incluyendo alimentos necesarios para una dieta balanceada.
En relación a los libros, fotocopias y apuntes, dependiendo de la cantidad solicitada por cada cátedra y carrera en particular, el gasto estimativo abarca entre los 500 y los 1.000 pesos mensuales.
A partir de los cálculos y averiguaciones que hizo El Territorio, mantener a un estudiante universitario en Posadas oscila  entre 13.500 y 16.000 pesos, cifra que invierte una familia en la vida universitaria, con datos correspondientes al mes de febrero. 
Sin embargo, estos costos pueden reducirse a partir de los beneficios que brinda la universidad pública en cuanto albergues y servicio de comida que ofrecen los comedores de cada facultad (ver Becas…).

La casa de las fotocopias

La bibliografía es un material indispensable en la vida de un universitario. A través de ella, accede a los conocimientos necesarios de cada cátedra que conforman la carrera, sea cual fuere. El aumento en los insumos se trasladó a las fotocopias que, en promedio, rondan de 500 a 1.000 pesos el set de textos, dependiendo de la demanda de cada asignatura. Para paliar este incremento en el valor de la bibliografía, los estudiantes recurren a todos los materiales que se encuentran digitalizados. O si no, apelan a la solidaridad de compañeros de años superiores que ya utilizaron las fotocopias con anterioridad y están dispuestos a prestarlas o regalarlas. A los gastos en fotocopias se suma el de los cuadernos, que cada uno cuesta unos 200 pesos. En el caso de la Facultad de Humanidades, se otorgan becas de apuntes para un cupo de 520 personas. Los beneficiados reciben un total de 10 cuotas mensuales de 400 pesos. Sin embargo, parte o la totalidad de ese presupuesto va para solventar otro tipo de gastos que, en la mayoría de los casos, es para los servicios como luz o agua. “Muchos chicos vienen a comentarnos que lo que se les da en concepto de beca de apuntes lo ocupan para la luz, el agua o incluso comida”, dijo Marta Pawluszek, directora de Bienestar Estudiantil de la Facultad de Humanidades.

fuente el territorio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

We use cookies to ensure that we give you the best experience on our website. If you continue to use this site we will assume that you are happy with it. Ok