Me aterroricé y tuve temor de que mi mujer supiera que le fui infiel

El acusado, al salir del Juzgado.
Cristian Vargas (29) habló con El Territorio tras prestar declaración indagatoria en Tribunales durante cuatro horas.
En las instalaciones del Juzgado de Instrucción Tres de Posadas, sobre la calle Santa Fe, no se escucha el ruido habitual. La vorágine semanal se apagó, pero pasado el mediodía, detrás de la puerta del despacho principal, está el responsable del crimen del cual habló todo el país.
Cristian Daniel Vargas (29) fue imputado por el juez Fernando Verón por el delito femicidio y escuchó todas las pruebas que se recolectaron en su contra, que no son pocas. Después, pese al consejo de su abogado, decidió dar su versión de lo que ocurrió dentro del departamento de Antonela Rocío Bernhardt (27), en el barrio El Brete de Posadas. 
La audiencia se hizo extensa -desde las 9 hasta pasadas las 13- y respondió a varias preguntas, aunque aún le quedaba mucho por decir. Al salir de allí rodeado de policías pero aún sin esposas, accedió a dar una entrevista exclusiva a El Territorio, ratificando sus dichos. 
La estrategia defensiva es clara, Vargas buscará acreditar que no tenía ni un vínculo sentimental con la víctima para evitar así una pena de prisión perpetua. 
Se lo notó adusto, casi frío, y con una marca producida aparentemente por un arañón aún sin cicatrizar arriba del labio superior. Habló rápido y buscó aclarar que la muerte de la obereña fue un accidente, un forcejeo, varios, que se iniciaron porque ella lo intentó sobornar. Señaló que con Antonela solamente lo unía una relación comercial y que no supo reaccionar cuando la vio tirada en el piso. 
“En la cárcel pagué como un violín y un asesino, hasta que se enteraron y me mandaron a otro lugar, donde estoy bien. Yo quiero aclarar que no hubo penetración, la autopsia va a demostrar que no tuvimos sexo”, empezó diciendo, sin detalles del presunto castigo, al tiempo que se enteró de que la necropsia no detectó abuso sexual como dice. 
“Degollar es decapitarla y no fue así, fue un accidente. El testimonio que acabo de dar muestra paso por paso lo que pasó. Yo no fui a las 13 como dicen en las noticias, no fui a pelear directamente, ni tenía una relación sentimental con ella”, insistió.
Dijo que llegó a la casa de Antonela a las 9 del jueves para hacer una sesión de fotos en lencería que había propuesto en las redes sociales. “Todo el mundo me escribió, tanto mujeres como hombres, y como encontré que todas las que me escribieron eran demasiado flaquitas o eran demasiado modelos yo quería salir un poco de la rutina y le contacté a ella”.
Siempre según el relato de Vargas, ambos pactaron la primera sesión por mensajes y, pese a que él propuso que sea al aire libre en el Jardín Botánico, ella le mandó la ubicación de su departamento. Allí se concretó la primera reunión “una tarde, hace una semana y media atrás”. Dijo que hizo 250 fotos, con la compañía una amiga de la obereña, de las cuales quedaron seleccionadas 56. 
Por las sesiones, según se desprende de la declaración del acusado frente al juez, Antonela iba a cobrar 1.000 pesos, pero además le ofreció a la víctima una comisión por conseguir grupos de egresados que los contraten para hacer fotos en sus recepciones. En ese punto, como en tantos otros, Vargas no fue claro. 
“Yo -detalló- le di un presupuesto que entregamos en varios colegios y fue la única cosa que tuvimos contacto fuera de la fotografía. Una vez que ella me conseguía una reunión con los chicos para mí y mi pareja, yo le entregaba 2.300 pesos, que es lo que vale la tarjeta de un chico”. 
Volviendo sobre su relato de lo que ocurrió en el departamento, señaló que tomó mate con Antonela, espués bajó a comprar una gaseosa para tomar un tereré y volvió a hacer las fotos en blanco y negro, con vestidos, lencería y también desnudos.

Supuesta extorsión 
Insistió que “nunca tuvimos confianza, siempre fue laboral y por eso me sorprendió cuando ella me dijo ‘Cristian, quiero tener sexo oral’, para decirlo de una manera, no quiero ser vulgar”. Agregó que antes siquiera la había tocado para que la obereña “no se confunda”. 
Vargas expresó que notó que la joven tenía el teléfono en la mano y luego se dio cuenta de que“había sido que me estaba grabando haciéndome sexo oral a mí”. “Bueno, nos levantamos y nos vamos a la pieza para tener sexo y ella me dice que me estaba grabando y que le iba a mandar a mi mujer. Que ella no quería mil pesos; ella quería mucho más”. 
“Yo no le pregunté en ese momento cuánto, porque me desesperé de que mi mujer se dé cuenta de que yo estaba siendo infiel y entonces le dije que sí. Empezamos a forcejear con el teléfono y quedamos que ella iba a borrar y yo le iba a dar la plata. Quedó ahí, yo empecé a juntar mis cosas y ella me dijo sonriendo que todavía tenía el video”. 
En ese momento habría empezado un nuevo tironeo y fue cuando Antonela le dijo -siempre según el relato del acusado- que está grabando vía audio. “En la grabación se va a escuchar que yo le decía ‘dejá el cuchillo o yo rompo el teléfono’ porque ella me estaba amenazando, aunque nunca me dijo que me iba a matar, tenía solamente el cuchillo en la mano”, describió, aunque no aclaró en qué momento él tomó el móvil. 
“Cuando estábamos forcejeando, yo le agarró la mano a ella y le atraigo hacía mí – ella es petizita y el hombre tiene más fuerza que la mujer-; la idea era sacarle el cuchillo de una vez por todas, pero cuando la traigo directamente le clavo el cuchillo en la garganta. Ella cae con el cuchillo en el borde de la cama”.
En esa instancia, el confeso homicida volvió sobre su relato. Dijo que antes de esa secuencia le pegó dos “tapes” en la cara a Antonela, porque estaba gritando mucho. También dijo que la empujó, lo que hizo que se golpeara en la cabeza. Fue entonces cuando la música que sonaba en su computadora se apagó y, posiblemente afuera se escuchó aún más la pelea. 
“Yo le saco el cuchillo – de la garganta- y empiezan a golpear la puerta la dueña del alquiler. Nunca estuve en esa situación, nunca vi un cuerpo, ni fui jamás a un velatorio y de repente ver eso, que estaba temblando y agonizando -por la víctima-. Estaba yendo a abrirle la puerta a la señora con la mano llena de sangre porque primero le tapé con una remera y luego con mi mano”. 
Pese a la gravedad de lo que contó, el imputado no mostró variaciones en su voz, ni mucho menos se quebró. Dijo que buscó mover a Antonela, que había caído boca arriba, para que está no se ahogue en su sangre. Entonces, antes de abrir la puerta, se lavó las manos y simuló esa conversación que todos vieron en el vídeo viral. 
Sobre eso momento, que todo el país vio y se indignó, señaló que “le atendí a la señora desde la ventana para que no vea mi mano mojada. En el transcurso que yo supuestamente habló con Antonela lo único que quería era irme porque ya sabía lo que iba a pasar si me quedaba ahí y pedía una ambulancia. Pero eso es lo peor que hice, abandonarle a ella a su suerte”.

Supuesta entrega
“Yo tranquilamente me podría haber ido. Me daba tiempo de irme, tomarme un colectivo o un remis a mi casa, hablar con mi mujer e inventar cualquier pelotudez e irme a Brasil. Porque allá tengo pasaporte, trabajo, gente que me conoce porque viví allá”, argumentó, al tiempo que dijo que se quedó en la esquina y que fue él quien se entregó a la Policía. “Soy el que buscan”, le dijo a los efectivos, según consta en la declaración indagatoria. 
Ante un nuevo cuestionamiento de este periodista de por qué no ayudó y atendió a Antonela, Vargas dijo que “yo intenté ayudar, pero a mí me desesperó que golpearon la puerta, eso me desesperó y me bloqueé; pero sí le quise ayudar, le tapé la herida”. También desarrolló que habló con su mujer para dejarle en claro que no hubo violación y que “solamente fue un puntazo y fue por accidente”. 
Más allá de las palabras del acusado ante los micrófonos de este medio, en la indagatoria también confesó que se llevó el teléfono de la víctima , que desbloqueó y reseteó. Sin embargo, los investigadores creen que las pruebas que hay allí podrían ser recuperadas. Todo lo que dijo deberá ser comprobado, aunque son pocos los que le creen. 
Ayer, Antonela Bernhardt fue despedida por sus familiares en la Capital del Monte, de donde era oriunda y fue velada. Hubo un gran acompañamiento del coche fúnebre, mucha tristeza y un pedido que se extiende a toda la provincia: que haya justicia.

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